Cómo usar el traje de baño fuera de la playa

Cómo usar el traje de baño fuera de la playa

Hubo un momento, hace no tanto, en que el traje de baño vivía únicamente dentro de los límites del agua. Lo que ocurría en la playa se quedaba en la playa. La ropa de piscina no cruzaba la puerta del hotel, no aparecía en el mercado del pueblo, no existía en ningún otro contexto que no fuera el de la arena mojada y la toalla extendida.

Ese momento pasó. Y lo que lo reemplazó es mucho más interesante.

El swimwear como punto de partida de un look

La conversación más bonita que está teniendo la moda de playa este verano es precisamente esa: el traje de baño ya no es el final del outfit sino el comienzo. La pieza desde la cual se construye todo lo demás, capa a capa, hora a hora, escenario a escenario.

Un bikini de tiro alto con un top de flores puede ser la base de un look de mercado. Un one piece de espalda abierta bajo una falda midi de lino se convierte en algo que nadie sabría descifrar del todo, y eso es exactamente su encanto. El límite entre ropa de playa y ropa de calle se volvió borroso, poroso, interesante.

La clave está en las capas

Vestir el swimwear fuera del agua es, fundamentalmente, un ejercicio de capas. De saber qué añadir, en qué orden y con cuánta ligereza.

La primera capa es siempre el traje de baño. Luego viene algo que cubre sin tapar: un pareo anudado a la cadera, una falda de gasa que deja ver la silueta debajo, un kaftan que flota alrededor del cuerpo sin adherirse a él. Después, si el día lo pide, una blusa abierta o un top encima del bikini. Y finalmente los accesorios, que son los que terminan de decirle al mundo en qué registro está el look.

Con sandalias planas y una bolsa de paja, el resultado habla de tarde de playa que se prolonga. Con mules de tacón bajo y aretes largos, el mismo punto de partida llega a la cena sin ningún esfuerzo.

Prendas que hacen el trabajo de transición

No todas las prendas tienen esa capacidad de transformar. Las que sí la tienen comparten algo: son ligeras, son versátiles y no compiten con el traje de baño sino que lo complementan.

El vestido de playa largo. Preferiblemente en tela que no se arrugue con el agua, que pueda ponerse mojado sin que importe. Los vestidos con abertura lateral o escote en V profundo funcionan especialmente bien porque revelan lo suficiente para que se sepa que hay un bikini debajo sin necesitar mostrarlo todo.

La falda de tiro alto. El complemento perfecto para un bikini top que quiere convertirse en top de verdad. Cuando la falda llega a la cintura y el top del bikini queda apenas visible en los bordes, el resultado tiene algo de sofisticado y algo de despreocupado al mismo tiempo.

El pantalón de lino amplio. Para los días en que la playa termina pronto y la tarde continúa en otro lugar. Se pone sobre el traje de baño en treinta segundos y transforma completamente el registro del look.

El kaftan o pareo largo. La pieza con más magia de todas. Que lo mismo sirve de vestido que de capa, que de cubierta que de manta improvisada cuando el sol baja. En estampado floral es nuestra favorita absoluta.

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Los tres momentos del día de playa

Pensamos en el día de playa como un arco de luz. Empieza brillante y directo, se vuelve dorado hacia el mediodía, y termina suave y rosado cuando el sol cae.

La mañana pide el traje de baño solo, o con el pareo anudado de camino al agua. La tarde, cuando el sol empieza a bajar y el hambre llama, es el momento de añadir la falda o el vestido ligero, de ponerse las sandalias, de dejar que el look evolucione naturalmente. Y la noche, cuando el día de playa se transforma en algo más, es donde un par de aretes y una blusa bordada hacen todo el trabajo de transición.

Tres momentos, una misma base. El traje de baño como hilo conductor de todo el día.

Lo que nos gusta de este verano

Que ya no hay que elegir entre la comodidad del agua y la elegancia de la tarde. Que la misma mujer que nadó al mediodía puede aparecer en la mesa de la cena sin que nada en su look delate que viene del mar, a menos que ella quiera contarlo.

Esa libertad, esa fluidez entre escenarios, es exactamente el tipo de ropa que queremos hacer en Dos Marquesas. Piezas que no piden que te definas, que te dejan ser varias versiones de ti misma en el mismo día.

Eso es, al final, lo que significa vestirse bien en verano.

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